viernes, 20 de febrero de 2009

VIDA

Me he lanzado al vacío,
y no quiero más terreno firme
Te invito a volar conmigo
Tú con tu paraguas de lunares,
yo con mi traje espacial plateado
Tú con tus flamencos alados,
yo con mis lúdicos paradigmas
Vamos cariño, ya sabes que estoy loco
No puedo más que sentir,
y es este un viaje sin retorno
Todo me gusta de ti,
cada espacio que descubro
tiene aroma y significado.

ESE FRIO DESARRAIGO



Solo en este lugar de paredes blancas, la higiene de la habitación me recuerda la nieve de mi ciudad. El tipo extraño se fue hace un momento, dejando unas hojas en blanco, un lápiz, y la tarea de contar mi historia.

Lo primero que recuerdo, son las últimas palabras de Francisca al salir de casa, : “después de todo, te amé, y creo que por eso he vivido”. Fue un mensaje lanzado al aire, para cualquiera, ya no necesariamente mío. Siempre esa frase perfecta, ese aroma poético, que me dejaba prendado. Sabía bien como cautivarme, amarrarme, aunque los hechos dictaran una realidad diferente. Salí a la calle, pensé en lo relativo de la temperatura. Al perderla, me daba cuenta del invierno, de la ciudad entera congelada.

Escuché el ruido de cadenas de un vehículo rompiendo la escarcha. La sensación de temblor recorrió todo mi cuerpo. Alrededor mío, sólo techos con nieve y estalactitas colgando de los bordes. Decidí no perder más. No-voy-a-comenzar-de-nuevo, fueron palabras que retumbaron con eco en mi interior. Avancé con los musculos apretados, tratando de guardar calor. Tal vez hubiese otra vida mejor, más segura, menos inestable. El viento helado atravesó mi frente. De las casas salía humo, delatando el encierro de las personas. Medité en la posibilidad de la nada, que todo terminara aquí. Entonces no habría qué perder pensé. Cualquier cosa es mejor que esta sensación de lagunas congeladas, sentir los doce grados bajo cero en la ciudad, saber que la gente esta enojada, triste por no ver el sol.

Tomé mi decisión. La idea de la sangre corriendo por el piso, y una serie de investigaciones buscando culpables no iba conmigo. Moriría congelado. Una muerte romántica, metáfora de mi existencia, donde cada comenzar y terminar fueron desgastándome, enfriando mi corazón. Si en esta ciudad nos pasábamos la vida haciendo fuego para combatir el hielo, encerrados entre paredes, angustiados mirando películas de playa y mujeres desnudas, debía ser ese mismo frío quien me transportase a una nueva existencia.

Planifiqué todo muy bien, y por espacio de un mes me dediqué a estudiar los pronósticos del clima en la TV. Después de un tiempo, supe exactamente cuál sería el día. Vaticiné por lo menos quince grados bajo cero. Más que suficiente. Escogí un lugar cerca del lago, donde solía ir de paseo, con la cascada que todos los inviernos se congelaba. Igual cosa debía ocurrir con mi sangre, como aquella cascada, en un momento mágico detendría su fluir. Llevé algunos alimentos, debía estar seguro de no morir de hambre. Me abandoné a mi suerte...

No sé en qué momento ocurrió todo, no comprendo bien. Miro a mi alrededor y veo una sala de color blanco, llena de loza y cristales asépticos. Un tipo de traje extraño y mirada seria acaba de dejarme solo, con un lápiz y papel. Solicitó que le explicara por escrito lo ocurrido. Me dijo que fui encontrado hace un tiempo. Luego decidieron incluirme junto a un montón de sujetos que habían pedido ser congelados después de morir. Yo era el único al cual habían logrado despertar, y necesitaban saber mi historia.

Aún tengo frío. Detrás de una puerta de vidrio, alcanzo a ver un calendario que dice 2087. Recuerdo tu última frase, y al sentir la higiene del lugar, me parece que amarte no era tan malo...

PATAGONIA





Hablábamos de ciudad y de futuro,
pero allí estaban tus casas de madera,
tus calles de tierra,
como una imponente prueba de verdad
al sur del progreso quedaban tus desdichas.

Calladas, olvidadas,
van tus mujeres Patagonia.
Preñadas, con el olor de
sus guisos calientes,
su futuro adormecido,
delata la angustia escondida
tras los ríos.

Patagonia, ese montón de ovejas
de lana humedeciéndose bajo
la lluvia de Puerto Aysén.
El fuego apagado en tus montañas
y la nieve penetrándome los huesos.
Vivir mirando hacia delante,
al calor del fuego en tú cocina,
a la espera de tus panes amasados,
sueño con dejarte aquí tan sola,
mientras llueve, sobre el barro eterno
sigue lloviendo.

AL SILENCIO


Lo mío no es el silencio del arena
y el cielo de estrellas en el infinito.
Lo mío es el espacio de tu ombligo,
tu blanca desnudez que amenaza
con estallar en mi frente.
No el silencio sordo,
implacable, inmutable.
Más bien un gemido, apenas perceptible,
tu respiración dentro de mi boca,
yo mismo dentro de ti.
No la nada, el aullido que rompe la noche,
cuando se deja caer el miedo.
La taza del té que golpea sobre la terrraza,
mientras, las manos apretadas,
y la voz que no arranca.
Silencio, un puente,
el recuerdo del mundo y yo: uno solo.
La sensación de hacer castillos de barro.
Quiero volver a ese silencio.

NOSTALGIA

Hoy recuerdo tu sonido de arena,
tu tacto tibio que acaricia mi pulgar.
Eres olor, imagen de calles,
y voces que me acompañan.
Caminas pegada a mí.
Como un órgano que crece a mis espaldas.
Me aumentas, me das forma y sentido,
me completas.
Nostalgia, te nombro y te invento.
No hay tiempo entre cada experiencia.
Está todo junto,
en la amalgama del origen y la esencia.
Desde ahí brotan rayitos y esporas,
las sutiles formas de la vida.
No hay presente ni pasado,
no hay verdades, ni engaños.
Estamos tu, yo y la vida:
un río fluyendo entre los dos.

viernes, 10 de marzo de 2006

AUTO-CONCIENCIA

El animal-hombre despierta temprano.
Abre sus ojos y todo parece normal,
o tal vez nada le parece.
Esta solo pero no lo sabe,
no conoce la compañía.

Mueve sus manos y sus ojos se agrandan,
al ver unas cosas largas y delgadas
que se mueven.
Mira nuevamente y se mueven.
Mira-se mueven,
cada vez que mira, se mueven.

¡Asombro!
Parece que el animal-hombre reflexiona:
soy yo el que las mueve.
¡Me muevo!
Asistimos entonces al paso darwiniano:
el despegue del humano,
el retraimiento del instinto,
la consciencia mirando para dentro,
el sí mismo gestandose.

martes, 19 de julio de 2005

TETAS




A los doce años se inició mi despertar sexual. Fue un proceso angustiante, que comenzó con Macarena, mi compañera de colegio, en el 7ºD. Juntos, desarrollamos una amistad diferente, inesperada para aquellos tiernos años. Con la Maca no había vergüenzas. Las conversaciones giraban en torno de temas inapropiados para la edad, alimentadas por la natural curiosidad de nuestros años infantiles.

En una ocasión, Macarena me relató las escuchas que realizaba de su hermano y su novia, mientras hacían el amor. En otra oportunidad, hablamos de sus descubrimientos anátomo-fisiológicos, al observar sus genitales frente al espejo. Además, en su casa vi por primera vez una planta de marihuana, e incluso una pipa de agua, instrumento que en aquella época, sólo pude asociar con el laboratorio de química del colegio. Todo este mundo, al otro lado de mi correcto esquema familiar, me perturbaba y atraía, de una forma poderosa.

Una tarde de verano, se produjo el punto de inflexión. Macarena, hablando como si nada, me confesó que de tener un novio, dejaría que éste le tocase las tetas. Todo se movió en mi interior... Estaba claro, yo era el candidato perfecto para aquella relación. Sólo un problema había, y es que a mí, la Maca nunca me gustó. De hecho, mirada retrospectivamente nuestra relación, creo que ésta,  era únicamente, una pueril afinidad intelectual. Pero uno comienza más pronto de lo que se cree a ser un hombre ...

Antes de una semana, me decidí a pedirle a la Maca que fuese mi novia. Lo hice por teléfono, para que no me viera la cara de mentira, dibujada en el rostro.  Ella aceptó, y yo, me sumergí inmediatamente, en una tormenta de culpas que me impidieron volver a estar con ella.

Nunca más supe de Macarena. Por su parte, lo de las tetas, tuvo que esperar bastante tiempo hasta hacerse realidad...