A los doce años se inició mi despertar sexual. Fue un proceso angustiante, que comenzó con Macarena, mi compañera de colegio, en el 7ºD. Juntos, desarrollamos una amistad diferente, inesperada para aquellos tiernos años. Con la Maca no había vergüenzas. Las conversaciones giraban en torno de temas inapropiados para la edad, alimentadas por la natural curiosidad de nuestros años infantiles.
En una ocasión, Macarena me relató las escuchas que realizaba de su hermano y su novia, mientras hacían el amor. En otra oportunidad, hablamos de sus descubrimientos anátomo-fisiológicos, al observar sus genitales frente al espejo. Además, en su casa vi por primera vez una planta de marihuana, e incluso una pipa de agua, instrumento que en aquella época, sólo pude asociar con el laboratorio de química del colegio. Todo este mundo, al otro lado de mi correcto esquema familiar, me perturbaba y atraía, de una forma poderosa.
Una tarde de verano, se produjo el punto de inflexión. Macarena, hablando como si nada, me confesó que de tener un novio, dejaría que éste le tocase las tetas. Todo se movió en mi interior... Estaba claro, yo era el candidato perfecto para aquella relación. Sólo un problema había, y es que a mí, la Maca nunca me gustó. De hecho, mirada retrospectivamente nuestra relación, creo que ésta, era únicamente, una pueril afinidad intelectual. Pero uno comienza más pronto de lo que se cree a ser un hombre ...
Antes de una semana, me decidí a pedirle a la Maca que fuese mi novia. Lo hice por teléfono, para que no me viera la cara de mentira, dibujada en el rostro. Ella aceptó, y yo, me sumergí inmediatamente, en una tormenta de culpas que me impidieron volver a estar con ella.
Nunca más supe de Macarena. Por su parte, lo de las tetas, tuvo que esperar bastante tiempo hasta hacerse realidad...

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