El animal-hombre despierta temprano.
Abre sus ojos y todo parece normal,
o tal vez nada le parece.
Esta solo pero no lo sabe,
no conoce la compañía.
Mueve sus manos y sus ojos se agrandan,
al ver unas cosas largas y delgadas
que se mueven.
Mira nuevamente y se mueven.
Mira-se mueven,
cada vez que mira, se mueven.
¡Asombro!
Parece que el animal-hombre reflexiona:
soy yo el que las mueve.
¡Me muevo!
Asistimos entonces al paso darwiniano:
el despegue del humano,
el retraimiento del instinto,
la consciencia mirando para dentro,
el sí mismo gestandose.
No hay comentarios:
Publicar un comentario