viernes, 20 de febrero de 2009

PATAGONIA





Hablábamos de ciudad y de futuro,
pero allí estaban tus casas de madera,
tus calles de tierra,
como una imponente prueba de verdad
al sur del progreso quedaban tus desdichas.

Calladas, olvidadas,
van tus mujeres Patagonia.
Preñadas, con el olor de
sus guisos calientes,
su futuro adormecido,
delata la angustia escondida
tras los ríos.

Patagonia, ese montón de ovejas
de lana humedeciéndose bajo
la lluvia de Puerto Aysén.
El fuego apagado en tus montañas
y la nieve penetrándome los huesos.
Vivir mirando hacia delante,
al calor del fuego en tú cocina,
a la espera de tus panes amasados,
sueño con dejarte aquí tan sola,
mientras llueve, sobre el barro eterno
sigue lloviendo.

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