Y se me ocurrió que podían existir otras formas de querernos.
Ya no los desgastados juegos de dominio y sumisión.
Aquellos que por su terco y constante ir y venir
van acabando lentamente con nuestras ilusiones.
Ya no el agónico y desesperado intento
de aferrarme a ti y salvarme de mi soledad.
Se me ocurrió que podía quererte porque te conozco.
Conocerte y hacerte parte de mí,
como las paredes de mi habitación de niño.
Saber cómo caminas, erguida y displicente entre la gente,
jugueteando con las manos.
Conocer como te alegras y emocionas
cuando sientes que te quiero.
Se me ocurrió que tu podías conocerme y quererme también.
Saber hasta dónde puedo ir y venir,
cuándo necesito volver.
Encontranos en un común espacio
para dejarnos llevar y descansar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario